Curiosidades Historicas

Nos quejamos de los calores pasados el último verano o del frío invierno pero es que en nuestro pasado tampoco se libraban de los rigurosos cambios meteorológicos. Y es que el 5 de junio de 1950 se desató una tormenta de piedra cuyo peso alcanzó los 250 gramos. Imagino cómo quedaron los paraguas (y algunas cabezas) de todos aquellos a los que el pedrisco sorprendió. Y hablando del tiempo, hubo una sequía tan grande en los años 20 que se vio como única solución la siguiente: "solicitar del Sr Cura párroco que ponga en novena a Ntra. Sra. La Virgen del Sagrario y se celebre fiesta el día último de la misma para suplicar del Altísimo nos conceda el agua a nuestros campos"…

Dejamos la naturaleza para adentrarnos en el tema de la política. En nuestro anterior número realizábamos un extenso reportaje sobre las pasadas elecciones y también conocíamos algunos detalles de nuestros nuevos ediles. Pero puestos a indagar hemos conocido que a lo largo de todo el siglo XX Navarrete ha contado con un total de 31 alcaldes y 172 concejales y como en toda localidad pequeña, lo normal es que varios familiares hayan ejercido estas funciones, por eso hay apellidos que se repiten en más de media docena de ocasiones como es el caso de Azofra, Castroviejo, Marín, Olarte o Santaolalla, por citar algunos. Y en cuanto a su "casa", todos conocemos la actual casa del párraco como el ayuntamiento de toda la vida, pero pocos recuerdan que la situación ruinosa de ese edificio a principios del siglo XX obligó a cambiar el Consistorio al popularmente conocido como "Palacio" (propiedad de don Cipriano Sáenz Santaolalla) cuyo alquiler anual era de 250 pesetas. A principios de los 90 se iniciaron las gestiones para acondicionar el actual ayuntamiento que vino a costar unos 215 millones la obra y algo más de 13 millones el mobiliario.

Y terminamos este pequeño bloque dedicado a las cosas curiosas que hemos descubierto de la historia de Navarrete hablando de lo que podemos considerar una de las primeras acciones ecologistas de nuestro municipio. Y es que a principios de siglo ya existía un fuerte vínculo con la naturaleza promovido desde la escuela, a la que algunos profesores acudían en sus motos, con un periódico en el pecho para amortiguar el frío. Por eso se organizaba con gran interés la fiesta del árbol, a la que se invitaban al cura y a las autoridades locales a observar cómo los niños regaban los árboles que se habían plantado ese día y como premio el alcalde regalaba a cada niño mayor de 5 años un bollo y una naranja.

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